Hermandad

Hace un par de semanas viaje a Finlandia por temas de trabajo, estuve mayormente en Helsinski, una bella ciudad del norte de Europa.

¿Y que tiene que ver esto con las Artes Marciales?, se preguntarán ustedes, pues muchisimo, para ello abusaré de su paciencia y les contare la historia. Mientras estaba en Finlandia explotó el volcán de nombre impronunciable de Islandia, lo que nos obligó a quedarnos mas de lo presupuestado (en principio 1 semana), los dias se hacían largos y cada momento se hacía eterno, mas allá de que hayamos estado de viaje la falta de información y el contexto cambiante de todo hacia que la estadia fuera compleja, sin saber cuando podriamos efectivamente regresar empezó a cundir la tristeza y el hastío.

En ese contexto decidí no dejarme llevar por la tristeza y comencé a tratar de llevar una vida "normal" en este estado de anormalidad, y para ello era esencial, claramente, la práctica de aes marciales.

Busque en la pagina de Aikido Journal (www.aikidojournal.com) los dojos que funcionaban en Helsinski y me entontre con el dojo "Awase", el cual sigue la línea de Sensei Christian Tissier, al igual como lo hacemos en Aikikai Chile, establecido esto decidí acercarme y presentarme, (no se con que cara o patas pero lo hice)

Me presenté un Martes, despues de preguntar y preguntar y caminar y caminar por Helsinski, si bien la gran mayoria habla Ingles todas las calles están en idioma Suomi (finlandes) o Sueco (segunda lengua oficial de Finlandia) lo cual me dio mas de un dolor de cabeza, aun así lo conseguí y pude llegar al dojo Awase.

Cuando llegué estaba dictando la clase el Sensei Antti Pekkarinen, el se acercó amistosamente, en ingles pudimos conversar y le expliqué que venía de Chile, que practicaba Aikido y que habia venido a conocer el Dojo, su respuesta me dejo helado, me dijo que si queria podía asistir a sus clases, qe no habia problema si queria practicar, me pregunto si habia traido keikogi, al dar la obvia y negativa respuesta el solo me miró y dijo "mmmmm eres de mi talla, yo te puedo traer uno".

Al terminar la clase llegó Sensei Harry Rautila, 6to Dan de Aikido, nuevamente me presenté y expliqué mi situación, despues de sonreir y comentar sobre Chile me dijo "Mientras estés en esta situación puedes venir a practicar cuando lo desees".

Quede sorprendido, por que en toda esta conversación paso un hecho curioso.

Nunca dije mi nombre.

Y paso otro hecho curioso.

Nunca me lo preguntaron.

Dio lo mismo para ellos, mi palabra bastaba, y asi al dia siguiente Antti (a las 7:00 AM era la clase) se presentó con el keikogi, y tuve mi primera clase en el extranjero de Aikido, de mas está decir que es una experiencia extraña y enriquecedora, el ver otras formas y las mismas formas hechas con otro énfasis, la generosidad de todo el mundo, me hicieron repensar muchas cosas.

En la tarde pude asistir a las clases de Sensei Rautila, muy ordenado y fluido en su tecnica, con una dispocisión increible, pude practicar con todos los compañeros y pude seguir las técnicas bastante bien ( o al menos eso creo), al terminar la clase deje el Keikogi colgado, partía al dia siguiente, solo me arrepentí de no haber ido antes.

Al volver solo pienso en eso, en la hermandad qe pude palpar en como el Aikido efectivamente acerca y une, como la vía de la paz es seguida aqui, en Finlandia o en cualquier parte del mundo, me sentí por un momento parte de un todo, de una búsqueda que es hecha por miles de personas a lo largo del mundo, de la que soy parte, me sentí como en casa en el dojo awase, aun para mi, el aikidoka de "far far away" como decia Antti con una sonrisa.

Quiero dar las gracias al dojo Awase, a Antti, a Sensei Harry Rautila y a todos los compañeros que hicieron de esta pequeña experiencia un momento tan enriquecedor, llevaré lo aprendido en mi y siempre cuando practique tendre algo del dojo Awase en mi tecnica y en mi corazón, muchas pero muchas gracias, amigos, hermanos.

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Comentarios

Sólo un corazón humilde y disciplinado puede comprender  esta experiencia que viviste. Al ir hacia fuera de nosotros, vamos hacia dentro. Son los detalles, mejor dicho, las señales, las que nos guían por el camino que mejor se acomoda a nuestro corazón…

Bendice las señales, porque ahí también está la mano de Dios…

Lorena.

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Que linda experiencia, me gustan las historia de viajes, por todo lo que conlleva, por conocer paisajes, cultura y personas diferentes a las que vemos habitualmente, pero en este caso, tu propia realidad no esta tan alejada de lo que viste allá y del deporte que prácticas. Aprendiste nuevas cosas, tal vez el mismo baile pero con otro nombre y de otras formas. Me alegro por eso, de verdad, por como lo relatas y por lo agradecido que estas, definitivamente la vida lo pone a uno en lugares exactos con personas exactas, sin necesidad de preguntar ni el nombre... 

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